Monday, July 04, 2011

El chavismo como “reality show”


He llegado a la conclusión de que estos 12 años de chavismo lo que realmente han sido es un “reality show” con casi 30 millones de espectadores cautivos. Nuestro “caudillo catódico” ha hecho las veces de protagonista solitario de una historia que narra el ascenso de un niño pobre que soñó ser pelotero (beisbolista profesional) y que la frívola torpeza de su sociedad puso en la más alta investidura republicana; para, entre otras cuestiones, administrar la etapa de más prolongada bonanza de precios del petróleo desde tiempos previos a la estatización de la industria.

Este lenguaraz personaje sintetiza las características del venezolano medio: es religioso cuando le conviene, tiene una sentida devoción por Bolívar, siempre ha creído que el problema en Venezuela es porque no le han dado a cada quien “su barrilito para vivir”, está convencido de que los militares están destinados a tomar las riendas del país, además de ser buen amigo de sus amigos y un genuino hombre de izquierdas preocupado por el destino de los pobres. Todas estas peculiaridades se unen a un voluntarismo a prueba de realidad, desprecio por las formalidades (en especial por las leyes) y un notable carisma personal.

Si los venezolanos hubiésemos hecho un casting no nos habría salido mejor para escoger a un personaje con tirón televisivo para una mini serie, una telenovela o un programa humorístico. Pero los azares del destino hicieron que este militar fuera investido de autoridad para comandar tropas y junto a sus compañeros de delirios se embarcó en una sangrienta aventura contra la institucionalidad de una democracia enferma. Su ascenso al poder es ya una historia mil veces contada.

Lo cierto es que los venezolanos pasamos de tener un presidente anciano y enfermo (Rafael Caldera) a un “showman” mesiánico que cambió de arriba a abajo la república para ponerla a sus pies, usando con notable efectividad  interminables peroratas televisadas que secuestran desde hace más de una década la atención de todos sin pedir permiso, puesto que su voz debe ser el sonido de fondo de la vida de sus compatriotas, de eso se trata la “hegemonía comunicacional “y el culto a la personalidad que define al sistema de medios de la revolución bolivariana.

Cuando los venezolanos logremos recuperar la condición de ciudadanos y dejemos de ser meros espectadores o televidentes de nuestro drama, la situación dejará de ser esta ópera bufa con tintes tragicómicos que es hoy.


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